¿Es el fin de la era en la que nuestra privacidad era el precio a pagar por un servicio "gratuito"? Proton Mail acaba de sacudir la industria al anunciar que ha superado los 80 millones de usuarios, consolidándose no solo como una alternativa, sino como el líder de una resistencia global contra el capitalismo de vigilancia.
Lo que comenzó como un proyecto de científicos del CERN para proteger a activistas y periodistas, se ha convertido en una migración masiva. El motor de este cambio es el cansancio: los usuarios están hartos de que sus bandejas de entrada sean escaneadas por algoritmos para vender publicidad. Tras los recientes y polémicos cambios en las políticas de privacidad de Google, el flujo de "refugiados digitales" hacia los servidores blindados en Suiza no ha hecho más que acelerar.
Durante años, el miedo a perder décadas de correos y contactos mantuvo a los usuarios encadenados a Gmail. Proton Mail ha roto esas cadenas con una infraestructura renovada y herramientas de importación en un solo clic. Ahora, el salto hacia el cifrado de extremo a extremo es tan sencillo que la seguridad ha dejado de ser un lujo para expertos y se ha convertido en una opción accesible para cualquier persona con un smartphone.
Expertos en ciberseguridad señalan que este hito de 80 millones no es solo una cifra, sino un síntoma de una nueva conciencia digital. Ya no aceptamos que nuestras comunicaciones personales sean propiedad de una corporación. Al elegir Proton, los usuarios están votando por un internet donde la identidad es un derecho, no una mercancía. Esta presión ha obligado a la empresa a expandir su ecosistema, ofreciendo ahora calendarios, almacenamiento en la nube y VPNs, todo bajo la misma promesa de inviolabilidad.
Sin embargo, este crecimiento trae consigo nuevos retos. A medida que Proton Mail se vuelve una amenaza real para el modelo de negocio de Silicon Valley, la empresa refuerza sus defensas contra ataques de infraestructura y presiones legales. El mensaje es claro: la privacidad ya no es un nicho, es una demanda global imparable. En un mundo donde cada clic es rastreado, elegir dónde guardas tus mensajes se ha convertido en el acto de libertad más importante de la década.