ChatGPT, Grok (sí, ese que en España ha subido como la espuma) y Google Gemini están en lo más alto de las descargas. No porque molen, sino porque resuelven marrones: escribir, traducir, buscar cosas mejor que tú y quedar medio decente sin esfuerzo.
Mientras tanto, la IA más peligrosa es la que no ves. Bancos, fotos, mapas… todas esas apps ahora piensan por ti en silencio. Te sugieren transferencias, te arreglan selfies y te ahorran decisiones como si fueras un niño grande con móvil caro.
Aquí nos ha dado fuerte por las apps de compras y logística. Seguir pedidos se ha convertido en una obsesión nacional. Y llegan las super-apps, que lo hacen todo en una sola: pagar, moverte, pedir comida… porque nadie quiere 300 iconos ni recordar contraseñas.
Dato clave: 4 horas diarias pegados al móvil. No lo usas, vives dentro.
¿Y pagar en efectivo? Eso ya es folclore. Cara, huella, reloj o anillo: pagas sin mirar y sigues andando como si nada.
Con tanta notificación, tanta red social y tanto “mírame”, en 2026 aparece el cansancio mental. La gente empieza a decir: hasta aquí.
Se ponen de moda las apps que bloquean otras apps, ocultan distracciones o convierten tu smartphone en un Nokia con esteroides. Menos dopamina, más paz mental. Paradójico, pero necesario.
WhatsApp: intocable. En España lo usa más del 90 %. Si no tienes WhatsApp, no existes.
Instagram y TikTok Pro: esta última, cada vez más seria y más negocio.
ChatGPT: la navaja suiza digital. Productividad número uno, sin discusión.
Temu y Shein: comprar barato sigue siendo un deporte olímpico.
Threads: llega tarde, pero se queda.
Muchas empresas pasan de apps descargables a PWAs: funcionan igual, no ocupan espacio y no te piden permiso para instalar nada. Más práctico, menos drama.
Y con la nueva Ley de IA de la UE, ahora las apps te dicen qué datos usan. Más avisos, más textos legales… y tú aceptando todo sin leer, como siempre.